domingo, 16 de octubre de 2011


En un reino animal muy lejano…



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En un reino muy lejano, me parece que se llamaba reino animal, ocurrían cosas dignas de escandalizar a las más recatadas conciencias. Sin duda no estoy hablando del reino vegetal porque ninguno de los habitantes producía clorofila, y por lo tanto se veían en la penosa necesidad de comerse unos a otros para obtener su energía.

No puedo asegurar que en ese lugar lejano el león era el rey, pero lo que sí es un hecho es que el ser humano definitivamente no lo era. A decir verdad, el humano era uno de los alimentos de mayor consumo, debido a que luego de años y años de preferencia se lograron describir sus importantes aportaciones nutrimentales.

Su sabor era exquisito, eso no generaba problemas a nadie… Sin embargo, los métodos de producirlo en masa, eso sí que despertaba gran indignación, sobre todo cuando se trataba de abundantes banquetes para las fiestas patronales o la Navidad.

Para engordarlo y hacerlo crecer con celeridad, se le inyectaban hormonas y se alimentaba a todas horas, en corrales donde sólo podía permanecer de pie o sentado, obvio, con la finalidad de optimizar el espacio. Eso sí, ciertas empresas contaban con estrictas normas de salubridad y sus trabajadores manipulaban el producto en trajes casi espaciales para garantizar condiciones asépticas.

También molestaba enormemente que como consecuencia de ciertas tendencias culinarias y regionales, incluso basadas en la medicina tradicional, ciertas variedades del humano se encontraban sobreexplotadas o en severo riesgo de extinción.

Para superar esta lamentable situación se establecieron decretos de áreas naturales protegidas así como normas que abarcaban desde el buen manejo industrial hasta dejar de llamarle mascota para denominarle animal de compañía. Antes de tomar estas decisiones, hubo protestas violentas con gritos y carteles que decían “No al consumo de humano, ellos también son animales”. Otros también se opusieron al uso de esta especie para espectáculos y otras actividades que lesionaban su dignidad, pero no tuvieron tanto éxito.

lunes, 3 de octubre de 2011

Lunes, 03 de octubre de 2011



Caifanes en el Palacio de los Deportes
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Por Viridiana Lazarini


El 1 de octubre fue una noche muy esperada por miles de seguidores que desde hace ya varios meses compraron sus entradas para el primer concierto en el Palacio de los Deportes, de este regreso inesperado de Caifanes.

La gran noche, que nos transportó a otra época, comenzó minutos después de las 21 horas, cuando se apagaron las luces y el escenario quedó iluminado justo donde se encontraba Diego Herrera con su teclado, para tocar “Viento”.

Momentos después se incorporaron Saúl, Alfonso, Alejandro y Sabo; con esta aparición el público comenzó a vibrar una atmósfera de alegría, de nostalgia, de buenos recuerdos; así que la noche era bastante prometedora.

Después de esa introducción, siguieron otros de sus grandes éxitos como: “El negro cósmico”, que hasta provocó que el público aplaudiera; “Nunca me voy a transformar en ti”; “Miedo”, con la que Saúl pidió a la gente que actuara sin temor y “Sombras en tiempos perdidos”.

Para ese momento habían transcurrido apenas 20 minutos del concierto y el público del Palacio de los Deportes se sentía muy emotivo; muchas de las personas fueron en grupos, y cada que la banda tocaba una canción, se abrazaban, cantaban y brincaban.

No hubo una sola canción que no fuera coreada por los fans, una sola canción que no fuera recibida con mucha euforia. Aunque claro, algunas de las rolas causaban mayor furor que otras, tal es el caso de “Miércoles de ceniza”, “Aquí no es así”, “Hasta morir”, “Antes de que nos olviden” y “Metamorféame”, la cual verdaderamente hizo saltar a todos los asistentes.

También hubo rolas que más allá de causar euforia, hicieron vibrar a la gente de una forma distinta, ya que crearon una atmósfera muy íntima y emotiva, y esto se percibió cuando Caifanes interpretó “Ayer me dijo un ave”, para la cual Alfonso y Diego dejaron sus instrumentos para tomar unos tambores y acompañar la melodía.

Después, la banda interpretó “Perdí mi ojo de venado”, que sin duda fue otra de las grandes favoritas de esa noche, “Mátenme porque me muero”, que fue acompañada por los aplausos del público, “Los dioses ocultos”, “Detrás de ti”, “Amanece” y la canción con la que se despedirían antes del encoré, “Nos vamos juntos”.

Y sí, los cinco Caifanes que hicieron historia se fueron del escenario para regresar minutos después y ofrecer lo último de esta gran noche.

A su regreso pusieron a bailar a todos con “La negra Tomasa”, para después continuar con “Nubes”. A ésta le siguió “La célula que explota” que, sin duda, fue la más emotiva de la noche entera.

Así, se volvieron a despedir de su “raza”, pero este adiós no fue el definitivo, ya que una vez más regresaron para ahora sí dejar el escenario.

No podían faltar “Afuera” y “No dejes que”, para ahora sí cerrar de manera colosal este concierto, el primero de otras fechas más que tendrán en el Palacio de los Deportes, donde lograron congregar a distintas generaciones, ya que sin importar la época ni la edad, muchos conocen el significado de Caifanes.

Rozko

Rozko